¿Cuándo nos cambiaron la frecuencia de 432hz a 440hz y por qué?

enero 18th, 2012 1:21

Posted: enero 15, 2012 in Siervos del lado oscuro, Solfeggio 3

 

Un ministro de propaganda nazi llamado Joseph Goebels creó un decreto universal en 1939 por el cuál se instaba a todo el mundo a afinar el LA musical a 440 Hertzios, en lugar de a 432 Hz, frecuencia a la que se afinaba toda la música hasta el momento. Desde 1939 hasta hoy en día se ha entonado a esa frecuencia.

Esto provoca en la gente pensar y sentir de una manera determinada y se la mantiene sumida en un desorden interno. En 1953 el decreto de Goebels fue aprobado por parte de la Organización Internacional de Normalización (ISO).

Esto ocurrió a pesar de los esfuerzos de un gran número de músicos franceses que apoyados por el Conservatorio de París, organizaron un referéndum para preservar el LA afinado a 432Hz.

El LA afinado a 432hz ha estado oculto al mundo por ser el punto de balance sónico de la naturaleza. 432 Hz vibra en los principios de la media de oro PHI y unifica las propiedades de la luz, tiempo, espacio, materia, gravedad y el magnetismo con la biología, el código del ADN y la conciencia.

La afinación natural a 432 Hz tiene efectos profundos en la consciencia y también en el nivel celular de nuestro cuerpo.

“La re-sintonización de instrumentos musicales y el uso de la afinación de concierto a 432 hertzios en vez de 440 hertzios, tus átomos y el ADN empiezan a resonar en armonía con la espiral de PHI de la Naturaleza.”

[Brian T. Collins]

 

Toda la música que escuchamos en este momento, genera una frecuencia inarmónica con el planeta y con el organismo humano.

Una nota hace 12 armónicos, porque pone en resonancia las 12 notas de la escala musical (con medios tonos y sostenidos). Las notas hacen 12 armónicos, cuando se toca una nota afinada a un LA afinado a 432 Hz. Cuando uno toca en un LA afinado a 440 Hz, sólo se hacen 8 armónicos. La música afinada a 440 Hz es música muy pobre.

La frecuencia del planeta Tierra es de 8 Hz. Las ondas alfa, la frecuencia del cerebro en estado de relajación profunda, son ondas a 8 Hz. Afinar a 440, hace que la base no sea 8, sino 8’25, lo cual significa que los armónicos que generan no son armónicos con el planeta.

El Ser Humano funciona en un rango de frecuencia que va de 16 a 32 Hertzios, lo que equivale en la escala musical, del do al do, o sea, una octava. Afinar a 440 Hz tampoco es armónico con la frecuencia del Ser Humano porque la base es 16,5.

La primera alteración física que podemos notar cuándo llevamos un rato escuchando música, es cansancio, fatiga, ganas de no hacer nada, y esto sucede porque los armónicos de la música no encajan con la frecuencia vibratoria del ser humano.

La frecuencia en la que nos mete la música afinada a 440 Hz nos hace sentir inseguridad, miedo, angustia y desorden interno.

Durante muchos años ha interesado que la Humanidad esté sumida en la oscuridad.

Si la música no está en armonía con el planeta, no está en armonía con el Ser humano y cómo consecuencia se producen alteraciones en ambos.

Para evitar que esto continúe sucediendo, deberíamos afinar la música a 432 Hz. Y podemos hacerlo pasando toda nuestra música al ordenador, y utilizar un programa que permita bajar la frecuencia. Las interpretaciones sonarán un poco más lentas, pero es casi imperceptible. Hay programas de ordenador que sirven para manejar, editar y grabar música. Por ejemplo el Audacity.

Esta música después se debe pasar a DVD en lugar de en CD, porque los CD’s no tienen capacidad de manejar 12 armónicos, sólo manejan 8 armónicos, y no serviría de nada porque estaríamos recortando 4 armónicos.

La música grabada en CD es cortante, dura, fría, en cambio grabada en DVD es más cálida porque permite grabar con los 12 armónicos.

Fuente: http://conspiraciones1040.blogspot.com/2012/01/cuando-nos-cambiaron-la-frecuencia-de.html

La cultura se la juega…

enero 15th, 2012 21:20

La cultura se la juega


 No tuvo valor el Gobierno saliente para aprobar, en uno de sus últimos Consejo de Ministros, el reglamento correspondiente de desarrollo de la mal llamada “Ley Sinde”. Pesó más el miedo a los internautas que el apoyo del Partido Popular y el desaire a la ministra que dio la cara se consumó en forma de lo mismo a muchos creadores y consumidores de cultura, así como a la industria cultural en sí y a su importancia en el conjunto de la economía española, hoy tan en crisis. El que lo quiere todo gratis simplemente porque para él nada tiene valor se imponía, así, a las necesidades de una industria que nadie duda que ha de reflexionar sobre sí misma pero que difícilmente lo hará desde la ruina económica y desde el desprecio de una parte de la sociedad. A lo primero y a lo segundo se ha llegado por caminos distintos y nadie está libre de culpa en esta relación —asimétrica— entre productores y consumidores. La imbricación entre la música que llamamos clásica y las grandes compañías que están también en el negocio de la música popular, mucho más atractiva para los transgresores de la norma, nos lleva a la consideración inmediata de que si el negocio cae caeremos todos y caerán las posibilidades de los españoles de ser un poco más cultos. Los miedos del Gobierno aparecen así, también, como una última mala pasada a unos creadores que no son, ni mucho menos, solamente los acusados en las feas prácticas de la SGAE y entre los que figuran muchos que saben lo duro que puede ser escribir o componer.

Tampoco es manco gestionar un espacio público dedicado a la programación cultural, que sirva a una comunidad, que forme parte de su historia y con el que esa misma comunidad cuente para mejorar su calidad de vida, escuchando buenos conciertos o viendo buenas obras de teatro. El comunicado de La Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de Titularidad Pública explica muy bien la problemática de un sector que no es tan fácilmente sustituible por una plena iniciativa privada o incluso por la colaboración entre administraciones y mecenas. Si a ello le añadimos asuntos turbios —de nuevo la SGAE, que o cambia o muere, y ahora el Festival de Mérida, con lo que tiene de emblema— que afectan a la reputación de quienes siempre la tuvieron dudosa pero también —y bien injustamente— de aquellos que han demostrado a lo largo de su carrera una trayectoria intachable, nos encontramos con que el apoyo a la cultura va a acabar teniendo muy mala prensa ante una ciudadanía que tiene necesidades más imperiosas que defender. Y eso no debe ser así. Con toda justicia destacaba el jurado de los Premios Líricos Fundación Teatro Campoamor en su acta de los premios de este año “el esfuerzo de los teatros, temporadas y festivales líricos españoles que, en una época de grave crisis económica, y conscientes de su papel en la industria cultural española, luchan por seguir manteniendo vivo el protagonismo de la ópera y la zarzuela en sus programaciones”.

Para completar el panorama se anuncia, coincidiendo prácticamente con la refundición de los ministerios de Educación y Cultura, el cambio de figura de las ayudas a la edición de revistas culturales, que va a pasar de la compra de ejemplares destinados a bibliotecas a la subvención. Las consecuencias para esas bibliotecas son obvias, desde el punto en que deberán suscribirse a las revistas si quieren seguir recibiéndolas, y ya sabemos cómo andan de fondos. Y para las propias revistas el riesgo no es otro que lo volátil —en todos los aspectos— de un procedimiento que no les garantiza nada. Habrá quien diga que el que quiera cultura que se la pague. Ya lo hace, y gracias a esas ayudas —que igualmente disfrutan otros sectores de nuestra industria, cultural y de la otra, de un modo u otro— a un precio bien razonable. Y si el sistema de subvenciones cae no quedará más remedio que o multiplicar sustancialmente ese precio en las ediciones en papel o renunciar a éstas y centrarse exclusivamente en la edición digital. Esto último requeriría seguramente de otro tipo de ayudas, las dedicadas a las llamadas industrias culturales —que incluyen, por ejemplo, a la moda, competencia invencible—, igualmente en discusión. La tercera posibilidad es la de cerrar directamente y aportar así nuestro granito de arena a la, al parecer, única devaluación posible.

SCHERZO – REVISTA DE MÚSICA
Año XXVII – Número 270 – Enero 2012

Nuevo director general del INAEM

enero 15th, 2012 21:08

Miguel Ángel Recio, nuevo director general del INAEM

Feliz Año Nuevo…

enero 3rd, 2012 13:54

Desde la Escuela De Música “demusica.es” y la Asociación Cultural Demusica, os deseamos que el nuevo año que acabamos de estrenar esté lleno de ilusiones y de proyectos musicales, que todos aportemos al mundo cultural Español lo mejor de nosotros mismos y que disfrutemos lo máximo posible de este llamado “lenguaje de los afectos”

El virtuoso chelista amnésico

diciembre 24th, 2011 21:01

Un músico alemán pierde todos los recuerdos pero interpreta y reconoce sinfonías – Estudios revelan cómo la memoria musical se aloja en lugares distintos del cerebro Las sucesivas pruebas revelaron que, pese a no poder nombrar a ningún violonchelista y ser capaz solo de invocar a Beethoven como representante de los compositores que admiraba, conservaba casi intacta su memoria musical, si es que puede llamarse así. “Su dolencia era tan grave que no podíamos avanzar con los métodos habituales para casos de amnesia. Así que diseñamos una serie de tests especiales basados en la música”, recuerda por teléfono el doctor Carsten Finke. P. M. había perdido la memoria episódica (la que se encarga de los acontecimientos vividos) y prácticamente toda la factual (la que almacena los datos), pero conservaba elementos tales como el ritmo o el tempo; incluso, si existe tal cosa, el gusto musical.

“Nuestros experimentos revelan que la memoria se organiza de diferentes maneras en el cerebro, y que los recuerdos musicales son independientes de las estructuras del lóbulo temporal medial, que es donde se alojan los datos y los episodios”, explica Finke. Todas las pruebas se realizaron con música clásica y, en algunas ocasiones, se le hizo escuchar música desconocida hasta entonces para él (compuesta más allá de 2005, cuando ingresó en el hospital) que pudo recordar no más allá de 90 minutos. “El caso es una prueba muy clara sobre la existencia de este tipo de memoria, pero no puede establecerse una teoría definitiva. Además, es muy complicado encontrar más casos como el de P. M.”.

Uno de los más conocidos fue paciente del neurólogo y escritor Oliver Sacks. Clive Wearing, era un eminente músico (organista y director de coros) y musicólogo inglés que sufrió la misma dolencia en 1985 (la padecen 1,5 millones de personas al año) y que perdió por completo la memoria excepto para dos cosas: el amor a su mujer, a quien nunca dejó de reconocer, y sus conocimientos musicales. Eran las dos únicas cosas que le resultaban familiares y que era capaz de ejecutar en una suerte de continuum sin bruscos apagones cerebrales. El resto, como definía su esposa, era una “permanente agonía”. Solo recordaba lo que había hecho dos segundos antes: cada parpadeo, y es literal, marcaba el inicio de una nueva vida.

Sacks centra sus investigaciones, publicadas en el libro Musicofilia (Anagrama), en un tercer tipo de memoria: la de los procedimientos. Y parece que tiene sentido. Wearing era capaz de ir a por el azúcar a un armario de la cocina, pero no le era posible decir dónde se encontraba el azúcar si se lo preguntaban. Podía vestirse cada mañana, y combinaba con gusto las diferentes prendas. Si se paraba a pensar, sin embargo, se quedaba paralizado. Lo mismo le sucedía al misterioso violonchelista alemán.

La música es un procedimiento activo. Tanto la escucha como su ejecución se realizan siempre en el presente. Aunque parezca una obviedad, el sonido no existe ni antes ni después de ser interpretado. Como decía T. S Eliot, “eres la música, mientras la música dura”. Bien, pues en ese procedimiento, sin apenas reflexión y basado en un cierto automatismo, Wearing se manejaba como con un cerebro sano. Hasta que la música duraba, claro. “Para la memoria de procedimientos es importante que el recuerdo sea literal, exacto y reproducible. La repetición, el ritmo, el ensayo y la secuencia son esenciales”, señala Sacks en su libro. “Recordar la música es escucharla o tocarla, se hace por completo en el presente. De hecho, si pensamos cada nota o cada paso de manera demasiado consciente, puede que perdamos el hilo”. Algo parecido, si se quiere, sucede con el amor. De ahí que Wearing solo reconociera a su mujer y viviera con ella en un estricto presente.

La memoria de los procedimientos, la que tendría que ver con la música o, incluso, con un conocimiento automatizado como montar en bicicleta, se encuentra alojada en un mayor número de partes del cerebro, y más robustas. Por eso, opina Sacks, “es más resistente (son estructuras subcorticales como los ganglios basales y el cerebelo) y hay muchas conexiones entre ellas y el córtex cerebral: aguanta más pese a que haya daños en el hipocampo y en las estructuras del lóbulo temporal medial, donde se halla la memoria episódica y factual”. Según los expertos, esa memoria funciona como unas vías de tren en las que es posible cambiar el ritmo y la velocidad, pero no el camino.

Isabelle Peretz, directora del Laboratorio para la Investigación de la Música, el Cerebro y el Sonido de Montreal, dedicado al estudio de los procedimientos cognitivos relacionados con la música, apunta en la misma dirección que Sacks en sus respuestas por email: “Es impactante y fascinante y revela cómo la memoria automática (de procedimientos) está debajo de un gran número de habilidades entrenadas (como jugar al tenis) sin ninguna conciencia de ello”. O lo que es lo mismo, en según qué casos, pensar empeora las cosas.

Cuando llegó a las urgencias del hospital Charité de Berlín, el paciente no recordaba prácticamente nada. Padecía fiebres, dolores de cabeza y algún ataque epiléptico. P. M. [los médicos protegen su identidad] sufría una encefalitis por herpes que había arrasado con la mayoría de sus recuerdos. Solo reconocía a su hermano y era incapaz de realizar simples ejercicios como dar el nombre de algún río de Alemania o nombrar la capital de España. Aquel amnésico había sido un reputado violonchelista de una orquesta berlinesa; y la sorpresa fue que, con el tiempo, su neurólogo descubrió atónito que el hombre sí era capaz de recordar sinfonías, su melodía e incluso su tempo. ¿Podía tocarlas? En realidad se negaba a interpretar su instrumento delante de los médicos (creen que por pudor a no hacerlo ya tan bien), pero según sus vecinos, seguía haciéndolo perfectamente algunas tardes en su apartamento.

DANIEL VERDÚ – Madrid – 18/12/2011
El Pais

Feliz Navidad…

diciembre 23rd, 2011 9:53